Puede ser aprovechable, pero hay que demostrarlo. Primero caracterizamos el relave para conocer su composición química, mineralógica y geoquímica, su potencial de generación de acidez y el comportamiento de sus constituyentes frente a la lixiviación.
Según el uso propuesto, evaluamos además propiedades físicas, mecánicas y de durabilidad, incluyendo aspectos como el potencial de liberación de metales, ataque por sulfatos y formación de eflorescencias. Con esta evidencia determinamos su aptitud para aplicaciones como agregados, morteros, ladrillos, bases viales o materiales geopoliméricos, y verificamos su compatibilidad con las especificaciones técnicas y ambientales aplicables.
Un relave se convierte en recurso cuando existe evidencia que demuestra que su aprovechamiento es técnica y ambientalmente viable; de lo contrario, sigue siendo un pasivo con otra forma.